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¿De quién será la Luna? La legislación actual deja a nuestro satélite en un limbo jurídico

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¿De quién será la Luna? La legislación actual deja a nuestro satélite en un limbo jurídico

por María Kaulen en may 25 2026
La pregunta ya no es solo quién llegará primero a la Luna, sino cómo se aprovecharán sus recursos. El principal tratado sobre el espacio se remonta a la Guerra Fría, mientras que el cumplimiento del acuerdo más reciente, al que no se han adherido ni China ni Rusia, es voluntario
Descubren un planeta enano con atmósfera más allá de Plutón

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Descubren un planeta enano con atmósfera más allá de Plutón

por María Kaulen en may 04 2026
Los astrónomos hallan un sorprendente y débil envoltorio gaseoso en 2002 XV93, un objeto mucho más pequeño y lejano que Plutón
El Hubble capta por casualidad la desintegración de un cometa

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El Hubble capta por casualidad la desintegración de un cometa

por María Kaulen en abr 10 2026
Una observación fortuita, que se realizó con el telescopio espacial Hubble, presenció en directo la muerte y fragmentación del cometa C/2025 K1
El telescopio James Webb detecta la supernova más antigua jamás observada

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El telescopio James Webb detecta la supernova más antigua jamás observada

por Maria Mercado en mar 03 2026
El telescopio espacial James Webb ha vuelto a marcar un nuevo récord: ha observado la explosión de una estrella, una supernova, que sucedió hace unos 13.000 millones de años, cuando nuestro universo tenía apenas un 5% de su edad actual. Esta supernova se convierte en la más lejana y antigua jamás captada. El hito ha sido posible gracias al trabajo cooperativo y en secuencia de varios de los más capaces telescopios que existen actualmente, que fueron activados cuando, a mediados del mes de marzo, se recibió un fuerte destello de rayos gamma procedente del espacio. Las observaciones realizadas con estos instrumentos permitieron, durante las semanas siguientes, localizar el punto exacto hacia el que el James Webb debía apuntar sus cámaras. Trabajo en equipo El 14 de marzo, el observatorio espacial SVOM (un proyecto conjunto entre Francia y China) dio la alarma después de detectar un potente resplandor de rayos gamma que parecía provenir de una fuente muy lejana y que se denominó GRB 250314A. Sólo una hora y media más tarde, el satélite SWIFT de la NASA, especializado en la observación de este tipo de fenómenos, ya había identificado el lugar en el firmamento desde el cual llegaban las emisiones. Tras once horas de la alerta inicial, entró en escena el Telescopio Óptico Nórdico, que opera desde Roque de los Muchachos en la isla de La Palma. Este equipo captó luz infrarroja llegando de la misteriosa fuente emisora, una indicación que hacía sospechar que el origen se hallaba muy distante. Y, efectivamente, poco después el Telescopio Muy Grande (VLT, ubicado en Chile) confirmaba que el suceso había acontecido aproximadamente 730 millones de años después del Big Bang. Este dato enseguida creó gran expectación entre la comunidad científica. Según Andrew Levan, uno de los investigadores que han analizado este acontecimiento y que es profesor de la Universidad Radboud en Nijmegen, Países Bajos, y de la Universidad de Warwick en el Reino Unido, en las últimas décadas sólo se han detectado unos pocos estallidos de rayos gamma provenientes de los primeros mil millones de años del universo. En palabras suyas, “este evento en particular es muy inusual y emocionante”. Ilustración del Telescopio Espacial James Webb, que orbita a 1,5 millones de km de distancia de la Tierra NASA / Europa Press. La supernova Cuando las estrellas mucho más masivas que el Sol llegan al final de su vida y agotan el combustible nuclear, la gravedad provoca el súbito colapso del gigante. El interior del astro moribundo se comprime de forma tan extrema que genera un agujero negro o, según el caso, una estrella de neutrones. Estos objetos, extraordinariamente compactos, actúan como una pared contra la que rebotan violentamente las capas externas de la estrella que caen hacia el centro a velocidades extremadamente altas. Y es este choque el que desata la explosión supernova, en la que se emiten al espacio cantidades ingentes de radiación. Una de las primeras emisiones que liberan estos acontecimientos es la correspondiente a la de muy alta energía. Son brotes de rayos gamma que duran segundos o, a lo sumo, unos pocos minutos. A continuación, es la radiación de menor energía, como la luz visible, la que toma el relevo y hace que la supernova aumente paulatinamente su brillo a lo largo de semanas. Sin embargo, la supernova recientemente detectada siguió incrementando su luminosidad durante meses, un hecho que se interpreta como producto de la expansión del espacio durante el tiempo que la luz ha estado viajando hacia nuestros instrumentos. Esta circunstancia es, precisamente, la que ha permitido preparar con antelación las observaciones del telescopio más potente que tiene la humanidad: el James Webb. Representación artística de la supernova. A la izquierda, en sus momentos iniciales, con la emisión de rayos gamma. A la derecha, 3 meses después con el brillo generado por la explosión NASA, ESA, CSA, STScI, L. Hustak. Un gran reto Gracias al trabajo previo de los observatorios que se activaron en los primeros instantes tras la detección inicial en marzo, la ubicación de la supernova había quedado acotada, de forma que el desafío del James Webb era, ni más ni menos, que intentar capturar una imagen que delatase la presencia del cataclismo en esa región del cielo. Los astrónomos estimaron que el momento idóneo para hacerlo sería unos 3 meses y medio después del resplandor de rayos gamma, cuando el brillo de la supernova alcanzara su máximo. Y las observaciones del Webb, realizadas en luz infrarroja, han dado resultado. En un campo visual repleto de galaxias que se sitúan en un primer plano, aparece un diminuto punto rojizo, apenas perceptible, compuesto por unos pocos píxeles, que se ha identificado como la galaxia que alberga la supernova. Un acontecimiento que envió la luz, que ahora recibimos, hace más de 13 mil millones de años. La detección del James Webb convierte esta supernova en la más lejana y antigua jamás captada, batiendo el récord anterior en, por lo menos, un millar de millones de años. Como las demás La época del universo en la que explotó la supernova protagonista del hallazgo se caracterizaba por tener unas condiciones bastante diferentes a las actuales. Para empezar, había menos presencia de elementos químicos pesados, ya que los átomos más complejos que el hidrógeno y el helio han sido fabricados por generaciones de estrellas que los han liberado al espacio en el momento de su muerte. Por otra parte, se sabe que las primeras estrellas del cosmos fueron mucho más masivas que las actuales y que vivieron relativamente poco tiempo. Es por ello que los astrónomos abordaron el estudio del fenómeno “con la mente abierta”, tal como señala Nial Tanvir, coautor de la investigación y profesor de la Universidad de Leicester (Reino Unido). Y, para sorpresa de todos, los primeros datos disponibles parecen indicar, en palabras de Tanvir, que esta supernova “se parece exactamente a las modernas”. Sin embargo, tal como advierten los científicos, se necesitará recabar más información para poder determinar hasta dónde llegan las similitudes y poder identificar las pequeñas diferencias que puedan existir. Fuente: La Vanguardia
Calendario lunar mayo 2026

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Calendario lunar mayo 2026

por María Kaulen en mar 03 2026
Planifica tus observaciones astronómicas del mes de mayo!
Calendario lunar marzo 2026

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Calendario lunar marzo 2026

por María Kaulen en mar 03 2026
Descubren una galaxia que produce estrellas 180 veces más rápido que la Vía Láctea

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Descubren una galaxia que produce estrellas 180 veces más rápido que la Vía Láctea

por Valentina Grunefeld en dic 31 2025
Tomarle la temperatura a una galaxia que emitió su luz hace más de 13.000 millones de años no parece tarea fácil. Pero, gracias a las avanzadas capacidades del complejo de antenas ALMA en el desierto de Atacama (Chile), un equipo internacional de investigadores lo ha conseguido. Y los -183ºC que han detectado delatan que la galaxia exhibía una intensa actividad formadora de estrellas, nada más y nada menos que 180 veces superior a la que tiene nuestra galaxia en la actualidad. Aunque los astrónomos saben que, en el pasado, el ritmo de creación de astros en el universo era superior al que se puede observar hoy, las cifras de las que hace gala esta galaxia, denominada MACS0416 Y1 (Y1 de ahora en adelante), de momento no tienen rival conocido. Pero como, en principio, nada hace sospechar que Y1 deba ser única, el hallazgo podría sugerir que, en las primeras generaciones de galaxias, las fases con picos de formación estelar podrían haber sido frecuentes. El nuevo estudio es muy relevante para completar el conocimiento sobre cómo se desarrollaron las primeras galaxias en el universo primitivo. Polvo antiguo Cuando las estrellas llegan al final de su vida, liberan al espacio grandes cantidades del material que han fabricado con la fusión nuclear. Se trata de átomos que se acaban agrupando para formar diminutas partículas. Este mecanismo hace que, a lo largo de millones de años, se vayan formando concentraciones de polvo en las galaxias que pueden detectarse porque emiten radiación cuando hay fuentes de energía que las calientan. Por tanto, el examen de la luz radiada por este polvo puede revelar cuáles son los procesos más energéticos que acontecen en el interior de la galaxia. Pero, en el caso de Y1, las estimaciones de distancia indican que este objeto se halla a más de 13.000 millones de años luz de la Tierra, de forma que el análisis de la débil radiación liberada por sus concentraciones de polvo es todo un reto. De hecho, según Tom Baxx, líder del estudio y perteneciente a la Universidad de Tecnología de Chalmers en Suecia, esta es “la distancia más lejana desde la que jamás hayamos detectado directamente luz proveniente de polvo brillante”. La galaxia Y1, captada con el telescopio espacial James Webb (colores azul y verde) y por las antenas de ALMA (rojo) NASA, ESA, CSA (JWST), T. Bakx/ALMA (ESO/NRAO/NAOJ). Frío, pero no tanto Para superar este desafío, el equipo de investigadores responsables del nuevo estudio ha empleado las sensibles antenas del complejo ALMA en el desierto de Atacama, en Chile. Y es que la situación de esta instalación, en un entorno seco y muy elevado, la convierte en un lugar privilegiado para este tipo de investigaciones. Así, con los instrumentos de ALMA se ha podido captar la emisión, proveniente del polvo galáctico de Y1, que se ha recibido concretamente con una longitud de onda de 0,44 milímetros. Como sea que existe una relación directa entre las características de la radiación y la temperatura, este dato ha permitido estimar que las partículas emisoras se hallan a -183ºC aproximadamente.Este valor puede parecer extremadamente bajo, pero en realidad es superior a las temperaturas más habituales de las galaxias. En palabras de Yoichi Tamura, astrónomo de la Universidad de Nagoya en Japón y participante en el estudio, esta temperatura “es mucho más cálida que la de cualquier otra galaxia comparable que hayamos visto”. 180 a 1 Para los autores del estudio, la temperatura hallada en el polvo de Y1 confirma la existencia de una frenética actividad de formación de estrellas. La razón es que, cuando las galaxias tienen abundantes reservas de gas para alimentar la creación de nuevos astros, entre las poblaciones de soles que nacen se encuentran algunos tipos de estrellas extraordinariamente calientes y luminosas que emiten grandes cantidades de radiación ultravioleta. Esta luz energética es típicamente absorbida por los granos de polvo y reemitida posteriormente como radiación mucho más fría. A partir de la temperatura detectada, el análisis realizado por los investigadores apunta a que Y1 fabricaba unas 180 estrellas por año, una cifra muy superior a la que, por ejemplo, ostenta nuestra galaxia, la Vía Láctea, que crea, por término medio, una estrella anualmente. Este ritmo es tan elevado que los astrónomos creen que no es sostenible durante demasiado tiempo (cosmológicamente hablando), de forma que quizás se estaría contemplando un brote intenso de formación estelar. Y esto sugiere que estos períodos de actividad podrían haber sido frecuentes en las primeras generaciones de galaxias del universo. Fuente: lavanguardia.com
Descubren exoplaneta que es como un espejo y no debería existir

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Descubren exoplaneta que es como un espejo y no debería existir

por Valentina Grunefeld en dic 31 2025
El exoplaneta LTT9779 b es un gigante gaseoso del tamaño de Neptuno que está situado a unos 260 años luz de nuestro planeta. Su composición hace que esté cubierto por unas nubes metálicas que descargan lluvias de titanio y, según acaba de descubrir un grupo de investigadores, reflejar el 80% de la luz que le llega de su estrella, convirtiéndolo en el planeta más brillante jamás observado. La fracción de luz que refleja un objeto se conoce como “albedo”. Según explica la Agencia Espacial Europea (ESA), lo normal es que el albedo de los planetas sea bajo, ya sea porque su atmósfera refleja la luz o porque su superficie es oscura. Sin embargo hay excepciones y algunas las encontramos pegadas a la Tierra. Si miramos al cielo por la noche podemos ver, además de la Luna, que el planeta más brillante es Venus, capaz de reflejar cerca del 75% de la luz que recibe del Sol debido a que sus densas nubes son muy reflectantes. La Tierra, por ejemplo, solo refleja un 30% de la luz que llega de nuestra estrella. Sin embargo, la LTT9779 b no solo supera a Venus en capacidad reflectante, sino que se ha convertido ahora en el planeta más brillante jamás observado por los astrofísicos. Para detectarlo, los investigadores han usado las mediciones de distintos instrumentos de alta precisión, como Cheops, el Satélite de Caracterización de Exoplanetas de la ESA o los telescopios espaciales James Webb y Hubble. Un planeta que no debería existir El LTT9779 b fue descubierto en 2020 gracias a la misión TESS de la NASA y algunos instrumentos terrestres como el HARPS de Chile. “Es un planeta que no debería existir”, afirma Vivien Parmentier, coautora del estudio publicado recientemente en la revista Astronomy and Astrophysics e investigadora de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, y del Observatorio de la Costa Azul, en Francia. “Cabe esperar que la atmósfera de este tipo de planetas sea arrastrada por su estrella, dejando tras de sí rocas desnudas”. El LTT9779 b orbita da una vuelta completa alrededor de su estrella, de tamaño muy similar al del Sol, cada 19 horas. Esta proximidad hizo que los investigadores supusieran que hace demasiado calor para que los materiales que lo componen se condensaran en nubes. Según la ESA, se piensa que la atmósfera de este planeta puede alcanzar temperaturas superiores a los 2.000 grados Celsius. Sin embargo, las extrañas nubes metálicas del LTT9779 b —que el equipo cree que están formadas predominantemente por silicato (vidrio) y titanato, una sal que contiene titanio— pueden haber salvado la atmósfera del planeta. “Las nubes reflejan la luz e impiden que el planeta se caliente demasiado y se evapore”, explica Sergio Hoyer, autor principal del estudio y científico planetario del Laboratorio de Astrofísica de Marsella, en Francia, y científico de la misión Cheops. “Mientras tanto, ser altamente metálico hace que el planeta y su atmósfera sean pesados y más difíciles de expulsar”. Un planeta menguante donde llueve titanio La gran abundancia de gases de silicato y titanato presentes en la atmósfera del LTT9779 b puede hacer que se conviertan en líquidos, dicen los investigadores, de forma similar a como la condensación se forma en un cuarto de baño tras una ducha caliente. “Para calentar un cuarto de baño, se puede enfriar el aire hasta que se condense el vapor de agua o se puede dejar correr el agua caliente hasta que se formen nubes porque el aire está tan saturado de vapor que ya no puede contener más”, asegura Vivien. “Del mismo modo, el LTT9779 b puede formar nubes metálicas a pesar de estar tan caliente porque la atmósfera está sobresaturada de vapores de silicatos y metales”. Ese entorno con temperaturas extremas y lluvias de titanio hirviendo, hace también muy improbable que el LTT9779 b pueda albergar algún tipo de vida. Las presencia de nubes metálicas pueden explicar también el tamaño de este exoplaneta. Hasta ahora, todos los planetas que tardan menos de un día en orbitar su estrella que se han observado eran gigantes gaseosos mucho mayores que Júpiter o planetas rocosos de un tamaño similar a la Tierra. Esto ha llevado a pensar a los investigadores que, a pesar de su escudo de nubes metálicas, lo más probable es que LTT9779 b fuera mayor que Júpiter en su formación y que se haya ido erosionado con el paso del tiempo hasta su tamaño actual. Fuente: elconfidencial.com
Descubren que en Titán no hay un océano, sino un granizado que multiplica la posibilidad de vida

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Descubren que en Titán no hay un océano, sino un granizado que multiplica la posibilidad de vida

por Valentina Grunefeld en dic 31 2025
Durante casi dos décadas, el lugar predilecto para encontrar vida más allá de la Tierra era un mundo realmente alienígena: Titán, la mayor luna de Saturno. Bajo su espesa atmósfera naranja —comparable a la de la Tierra— y sus lagos y mares de metano parecía esconderse un océano global de agua líquida, enterrado bajo kilómetros de hielo. Ahora, un nuevo estudio liderado por científicos de la NASA obliga a repensar esta imagen: Titán no alberga un océano subterráneo, sino una inmensa capa de hielo caliente, parcialmente derretido. Al contrario de lo que se podría pensar, las posibilidades de que haya vida en este entorno “se multiplican”. “La mayor implicación de este hallazgo es la existencia de ambientes muy distintos dentro de los mundos extraterrestres, comparado con lo que pensábamos hace unos años”, explica Flavio Petricca, investigador de la NASA y primer autor del estudio. La conclusión nace de una relectura minuciosa de los datos de la sonda Cassini, que orbitó Saturno y sobrevoló Titán en múltiples ocasiones entre 2004 y 2017. Las mediciones gravitatorias de esta nave robótica se interpretaron como la huella inequívoca de un océano bajo la superficie de hielo. El satélite respondía de forma exagerada a la descomunal fuerza de gravedad de Saturno, deformándose como lo haría una esfera con una capa líquida en su interior. Pero todas las medidas captadas por la nave no podían ser verdad al mismo tiempo. “Esta es la primera vez que podemos cuadrar todos los datos con un modelo exacto del interior de Titán”, resume Petricca. La clave del nuevo estudio está en estudiar el tiempo que tarda Titán en responder a la fuerza de atracción de Saturno. Si existiera un océano global, la deformación del satélite sería casi instantánea, como las mareas que siguen el paso de la Luna sobre los océanos terrestres. Sin embargo, al aplicar nuevas técnicas de procesado de los datos de radio de Cassini, el equipo ha detectado un desfase. “Si estuvieras de pie sobre la superficie de Titán y Saturno pasara sobre tu cabeza, el terreno bajo tus pies solo empezaría a elevarse unas 15 horas más tarde”, explica Petricca. “Esto es una fuerte indicación de que el interior de Titán está hecho de una capa de hielo granizado con bolsas de agua ampliamente distribuidas, y no de un océano global profundo e interconectado”, añade. Este hielo granizado disiparía la energía transmitida por Saturno justo en la cantidad observada. El resultado dibuja una estructura interior de Titán radicalmente distinta a la que se había imaginado. El océano es en realidad una “hidrosfera” de unos 550 kilómetros de profundidad hecha en su mayor parte de hielo a alta presión, y que contiene innumerables bolsas de agua líquida cuyo interior puede alcanzar los 20 grados. Aunque estas burbujas no se comunican entre sí para formar un océano global, el volumen total de agua líquida dentro de estas balsas podría ser comparable al de todo el océano Atlántico, destacan los investigadores de la agencia espacial de Estados Unidos. En la superficie de Titán hay ríos, lagos y mares de metano y etano líquidos. En su atmósfera se forman nubes, llueve, hay estaciones y procesos químicos complejos que recuerdan a la Tierra primitiva. Cassini reveló dunas de hidrocarburos, mares polares y una química orgánica rica, capaz de producir moléculas precursoras de la vida, e incluso vesículas que podrían ser el primer paso hacia la formación de células vivas, según estudios recientes de la propia NASA. Durante años, el supuesto océano subterráneo de agua salada completaba ese retrato: un mundo con energía, química y agua líquida, los tres ingredientes clásicos de la habitabilidad. El nuevo estudio no elimina el agua del escenario, pero la redistribuye. En lugar de un océano continuo, propone innumerables nichos aislados, algo parecido a los ecosistemas que prosperan en el hielo marino de las regiones polares terrestres. Estos ambientes “pueden ser especialmente interesantes para la astrobiología”, razona Antonio Genova, investigador de la Universidad de Roma Sapienza, y coautor del estudio, que se publicó en Nature. “Las bolsas de agua líquida engastadas en el hielo pueden concentrar sales y moléculas orgánicas, creando soluciones líquidas de gran riqueza química. La fuerte convección podría transportar estas burbujas hacia arriba y hacia abajo, conectando el fondo rocoso del océano” y el material orgánico que abunda en los lagos y ríos de la superficie. Es algo nunca visto en una luna del sistema solar. La hipótesis podrá ponerse a prueba gracias a la misión Dragonfly, un dron de la NASA que explorará la superficie de Titán en la década de 2030. Además de estudiar la química orgánica, esta nave llevará un sismómetro que verá el interior de la luna. Gracias a misiones como esta, o la sonda Clipper, que llegará a Europa, la luna de Júpiter, en 2030, “la próxima década supondrá un punto de inflexión en nuestra búsqueda de entornos potencialmente habitables en el sistema solar”, aventura Petricca. Fuente: elpais.com